Tanto las perlas naturales como las cultivadas son producidas por ostras y, por lo tanto, son consideradas joyas valiosas, un verdadero regalo de la naturaleza.
Una perla inicia su vida cuando un objeto irritante, como un grano de arena o un parásito entra en el cuerpo blando de la ostra y ésta no puede expulsarlo. Inicia entonces una acción defensiva para aliviarse de la molestia que le supone el cuerpo extraño, segregando capa tras capa de nácar alrededor de éste, hasta que pasados unos años, se ha formado una hermosa perla.
La única diferencia entre las perlas naturales y las perlas cultivadas es que, mientras que las primeras empiezan a producirse por accidente, las segundas son iniciadas por la mano del hombre mediante la implantación de un núcleo, en torno al cual la ostra irá generando capas de nácar.
Por otro lado, las perlas de imitación son hechas por el hombre a través de procesos mecánicos y carecen del valor de una joya verdadera.
Las perlas de imitación se conocen por muchos nombres: “de moda/de estilo, falsas, simuladas, orgánicas, hechas por el hombre, de nácar”, así como las denominaciones regionales.
Una manera fácil de averiguar el tipo de perla es realizando la “prueba del diente”: si se roza lentamente una perla de imitación con los dientes, el tacto será suave. Una perla natural o cultivada se sentirá un poco arenosa, debido a la estructura cristalina del nácar.